Respirar con todo el cuerpo

Nogales, México.

Museo de Arte de Nogales.

 

Crear lo improbable, generar espacios de posibilidad, establecer debates sobre nuestros modelos de poder y de lo real, es un acto de resistencia, dónde lo lúdico genera otras formas de pensamiento. El territorio, la frontera, nuestro cuerpo natural y político que lo habita, sus limites y las relaciones que se establecen entre ellos, son elementos con los que a través del juego Tino Varela genera sutiles y casi invisibles actos de resignificación como actos instituyentes. 

 

Con la metáfora del viaje, al modo de Goethe, consigue conectar todos esos elementos y utilizarlos como plataforma para su revisión, ya que el viaje le dota de una condición de provisionalidad e impertinencia que le permite generar puntos de fuga con respecto a la realidad instituida. Al generar una distancia en nuestra forma de mirar, que nos obliga a cuestionarnos las problemáticas en juego, consigue crear ese espacio de pensamiento en el que, como diría Foucault, la transformación del hombre contemporáneo se da en relación a su sentido de si mismo: cuando escribo, lo hago sobre todo para cambiarme a mi mismo y no pensar lo mismo que antes.[1]

 

Para Tino Varela, quien nació y creció en la frontera de México con Estados Unidos, en Nogales, podríamos decir que el territorio es la razón para profundizar en asuntos estrechamente relacionadas con el hombre como constructor del lugar que habita, un lugar custodiado por los sistemas de poder que restringen, someten, delimitan pero también generan y construyen campos de posibilidad, donde no hay una única realidad sino una hibridación de multiplicidades en continuo movimiento, donde al tiempo que todo está definido todo está por ser, y donde lo político y el acto de resistencia subvierte el orden establecido perturbándolo a través de un gesto que nos hace tambalear nuestra zona de confort a la que estamos sujetos. Un gesto que deshace la sujeción, que acentúa nuestro tiempo, nuestra acción, nuestro sentimiento y nuestra voz.

 

Esto es lo que nos plantea el artista con sus movimientos o recomposiciones, donde nos impone tomar una distancia que nos obliga a un posicionamiento político, el que él toma en relación a determinados estados de invisibilidad, y asi operar un nuevo recorte del espacio material y simbólico, por el tipo de tiempo y de espacio que instituye, por la manera mediante la cual corta este tiempo y puebla ese espacio, como diría Jacques Rancière.[2] No suprime las imágenes, sino que nos recuerda que la imagen no es un simple pedazo de lo visible, es una puesta en escena, un nudo entre lo visible y lo que esto dice, un dispositivo que nos devuelve la mirada, la mirada que supone la dislocación de la visión y la implicación, el ser-afectado que se reconoce como proceso de subjetivación.

 

Vista de la exposición. Foto: Tino Varela

 

Varela nos resignifica las estructuras de poder. En pasaportes, por ejemplo, usa documentos propios caducados que autorizaban y regulaban la permanencia y las situaciones de ilegalidad, pero que como las imágenes pobres[3] trabajan no desde lo que muestran sino desde lo que carecen como prueba de su propia marginalidad. En respirar con todo el cuerpo el artista se sitúa como referencia de medición en un territorio fronterizo y opera un recorte del espacio material y simbólico de estos lugares, al situar el cuerpo natural en un paisaje político que construye un nuevo cuerpo político, no solo a modo de metáfora sino como experiencia. Detalle de Respirar con todo el cuerpo. En el mundo que cabe en una mochila apunta la forma en que generamos nuestra categoría de experiencia en las sociedades actuales, muy diferente a la experiencia de las grandes totalidades de la que habla Walter Benjamín(4). Por otro lado, en ensamblajes produce una imagen mosaico con fotografías de fragmentos del suelo de distintas ciudades en los que el artista ha vivido, como si desde la fragmentación quisiera pegar grandes pedazos del mundo para colocarlo en su sitio y así permitir reconstruir nuestra categoría de experiencia. Finalmente, en su video soy luz del cerro nos invita a experimentar el paisaje cotidiano de su ciudad natal, Nogales, desde otra mirada.

 

 

 

 

[1] Michael Foucault (1991). Remarks on Marx. Conversations with Duccio Trombadori. New York: Semiotext(e).

[2] Jacques Ranciére (2009). El reparto de lo sensible. Estética y política. Santiago de Chile: Arcis-Lom. [3] Hito Steyerl (2014). Los condenados a la pantalla. Buenos Aires: Caja Negra.

[4] Walter Benjamin, (1982). Experiencia y Pobreza. Discursos Interrumpidos I. Madrid: Taurus Ediciones.

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September 20, 2018

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